Psicología infantil

La cantidad de situaciones o conflictos a los que los niños estan expuestos es enorme. Cualquier comportamiento fuera de lo común requiere un seguimiento para garantizar una infancia feliz.

Los trastornos psicológicos en la infancia pueden no llegar a superarse nunca.

La detección precoz es clave para
conseguir una evolución positiva.

La terapia debe abarcar al niño y a toda la familia porque de todos depende la superación del problema.

Psicología infantil

Contamos con profesionales especializados que ofrecerán la mejor ayuda con la delicadeza y entusiasmo que requiere un niño.

La psicología infantil se centra en los problemas psicológicos de los niños desde el nacimiento hasta la adolescencia. Este campo de la psicología trata los aspectos motores, mentales y sociales durante el desarrollo. Es una etapa de la vida determinante por lo que esencial es esencial acudir a un profesional que pueda corregir las irregularidades a tiempo.

Ansiedad infantil: Si la ansiedad es desproporcionada ante una situación objetivamente no peligrosa puede que nos encontremos ante un caso de ansiedad patológica. Siendo este el caso, el menor puede sufrir un gran malestar que además dificulte su día a día. Por ejemplo, cuando se separa de sus padres o tenga que acudir al colegio.

Depresión infantil: La depresión es una enfermedad del estado de animo. Se caracteriza por estados de tristeza constantes sin una justificación entendible. Es común que los niños experimenten emociones desmedidas en algún momento del desarrollo. Imprescindible dotar al menor de conocimientos y herramientas para el control emocional.

Miedos: Los miedos son normales y necesarios durante la infancia. Cuando el menor va madurando, la tendencia natural es a que se vayan disipando. Al igual que la ansiedad, si se nota que el niño siente miedo desproporcionado a situaciones inocuas es aconsejable tratarlo.

Estrés postraumático: Tanto los adultos como los menores pueden tener secuelas después de un evento traumático. Comprobar que el niño no ha desarrollado ningún síntoma es aconsejable. 

Fobias: Una fobia es un trastorno de ansiedad que provoca un miedo a un objeto especifico o a un lugar. Dicho miedo resulta desmedido y poco racional. Existen múltiples tipos de fobias. Desde el miedo a insectos o sangre hasta miedo a volar o a las alturas. Si este miedo afecta al menor de manera recurrente es conveniente tratarlo. Las técnicas cognitvo-conductales obtienen grandes resultados.

Mutismo selectivo: El mutismo selectivo está clasificado como trastorno de la ansiedad. Se trata de ausencia de lenguaje verbal ante diversos contextos y circunstancias. No se trata de un problema de adquisición del lenguaje sino de un problema de confianza. La mayoría de los niños pueden presentar rasgos en ciertos momentos. Si es persistente y continuo debe consultarse con un profesional.

Trastornos adictivos: Las adicciones durante la infancia se centran en el uso desmedido de tecnologías y alimentos. El abuso de videojuegos, móviles y otros dispositivos puede acarrear diversas complicaciones en el menor. El entrenamiento en practicas saludables, autocontrol y  la no valoración  de estos aparatos como premio es clave para su correcto consumo.

Déficit de atención e hiperactividad: Conocido como TDAH, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad ocurre cuando el menor no es capaza de sonstener la atención prolongadamente y o mantiene un exceso de actividad durante la mayor parte del dia.  Puede que el niño tenga un gran potencial y que este problema le este frenando a la hora de aprender. Es fundamental entender este problema y entrenar al niño en relajación y concentración para que se pueda desarrollar y formar sin ningún obstáculo. 

 

Trastorno generalizado del desarrollo: Los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD) incluyen un grupo de trastornos que afectan al crecimiento de los niños durante los primeros años de vida. Se trata de un conjunto de alteraciones caracterizadas por retrasos en diferentes áreas del desarrollo, como las habilidades para la comunicación y la interacción social, que inciden a su vez en las actividades, intereses y comportamientos de los niños.

Trastorno del espectro autista: Antes Conocido como Autismo, el trastorno del espectro autista (TEA) tiene un origen neurobiológico. Afecta al funcionamiento cerebral. Es un trastorno que acompaña a la persona toda la vida. Incapacita muchas veces de forma invisible ya que no tiene por qué tener ningún rasgo físico diferenciador. Los síntomas varían mucho de un caso a otro. 

Los rasgos comunes son: interacción social muy limitada (incapacidad de expresar o entender emociones). Evitan el contacto físico o les gusta más bien poco. Tienen dificultades en el lenguaje verbal y no verbal. A través del entrenamiento deben desarrollar herramientas alternativas (códigos no verbales) para poder comunicarse. Los niños TEA tienen distintas maneras de aprender y razonar. Presentan retraso cognitivo, fijación monotemática, evitación de contacto físico y visual. Acostumbran a padecer hipersensibilidad táctil, olfativa, gustativa y auditiva. 

Síndrome Asperger: Pese a que no conlleva un retraso cognitivo como el TEA, comparte rasgos similares. Inflexibles, monotemáticos, dificultades para relacionarse con niños de su misma edad. Es común que al mismo tiempo sean altas capacidades (superdotados) por lo que pueden compensar sus deficiencias con otros recursos. Esto dificulta su detección hasta una edad tardía. 

Estos casos requieren de una buena coordinación entre su red de apoyo (Psiquiatras, Psicólogos, Educadores, …).

Acoso escolar/Bullying: El acoso escolar es cualquier tipo de maltrato físico y/o psicológico producido entre estudiantes. Se considera bullying el maltrato recibido tanto dentro de las aulas como fuere de ellas, incluyendo las redes sociales y de comunicación. El bullying implica una repetición continuada de agresiones. Además de marcar la personalidad de los niños (gustos, estilo de socializar, manera de afrontar los problemas…)  pueden provocar la aparición de trastornos psicológicos (ansiedad, depresión, estrés postraumático). El bullying debe ser detenido inmediatamente. Tolerancia 0 en los centros escolares y apoyo psicológico para el menor.

Trastorno de la conducta (negativista desafiante): Existen ocasiones en las que a pesar de una correcta educación por parte de los padres, los niños desobedecen de manera sistemática.  Esto puede deberse a un trastorno de la conducta. Se caracteriza por incapacidad de respetar normas ni figuras de autoridad y conductas agresivas hacia otras personas, animales y propiedad privada.

Celos: En la infancia es habitual la aparición de celos tras el nacimiento de un hermanito. En cierto modo, el niño se protege y reclama seguir teniendo la misma atención que se le dispensaba antes y que ahora tiene que ser compartida. En muchas ocasiones, es una respuesta normal, pero si se trata de una conducta exagerada, prolongada en el tiempo y deteriora eel ambient familiar es aconsejable tratarlo. 

Anorexia/Bulimia: Son dos trastornos de la alimentación. Ambos comparten la excesiva preocupación por el peso y la figura corporal.  Bajo estos trastornos se tiene una visión distorsionada de la figura de uno mismo.  Ambos trastornos ponen en riesgo la salud física y mental de la persona. Los padres deben estar alerta a las señales que indican que el menor puede estar sufriendo estos trastornos. Aparte de los vómitos, se debe controlar que el menor no: omite comidas o pone excusas para no comer, se preocupa constantemente por estar gordo, se mira al espejo a menudo buscando defectos, se ejercita en exceso buscando reducir el peso, acude al baño durante las comidas. 

Trastorno alimentario compulsivo: Conducta compulsiva de un menor hacia los alimentos. Atracones habituales con sensación de perdida de control. Debemos tener un control y equilibrio sobre la alimentación. En este caso, si se convierte en una conducta obsesiva debemos tomar medidas.

Enuresis/Encoprosis: Se trata de dos problemas relacionados con orinar y defecar durante el sueño. Hasta cierta edad es lo común y suelen desaparecer naturalmente. Si el menor va creciendo y dichas conductas siguen apareciendo, se deben dar ciertas pautas y entrenamientos para que dejen de ocurrir.

Bruxismo: Es el acto involuntario de apretar los dientes durante el sueño. Además de desgastar los dientes puede conllevar dolor en los músculos de la mandíbula cuello y oído.

Terrores nocturnos: Los terrores nocturnos son alteraciones del sueño que provocan en el menor una excitación angustiosa. Provocan episodios violentos con fuertes gritos y aspavientos. A diferencia de las pesadillas, no son recordados ni interrumpen el sueño, pero provocan cansancio y malestar el día siguiente.

Digrafía: La digrafía es un trastorno específico de la escritura. Consiste en ciertas dificultades de coordinación que impiden al menor escribir correctamente. Los niños afectados tienen problemas para escribir de forma legible y ordenada. 

Dislexia: Es uno de los trastornos del aprendizaje con mayor incidencia. La dislexia altera la capacidad de leer. Se confunden o se altera el orden de las letras, sílabas o palabras. Los niños con dislexia tienen un desarrollo cognitivo normal. Pero suelen tener retrasos académicos ya que les cuesta más adquirir conocimientos a través de los medios escritos (libros, pizarra…). 

Discalculia: La discalculia es una dificultad en el aprendizaje de las matemáticas. Crea problemas a la hora de mantener un orden estable al contar. Dificulta la comparación de dos conjuntos (decidir cuál es más grande). Los niños que sufren discalculia tienen dificultades para manipular grandes cifras, situarse en qué día de la semana están o acceder a la pagina de un libro que el profesor les haya pedido. 

Retraso simple del lenguaje: Se da cuando niños sin alteraciones aparentes, adquieren el lenguaje más tarde que otros de su misma edad. El retraso simple del lenguaje es diagnosticado cuando hemos descartado otros problemas que puedan afectar al lenguaje.

Dislalias: Las dislalias son la incapacidad para articular fonemas por ausencia o alteración de algunos sonidos concretos o por la sustitución de estos por otros de forma improcedente. Es el trastorno del lenguaje más habitual en los niños. Suele presentarse entre los tres y los cinco años. Mientras el niño está aprendiendo a hablar, las omisiones, sustituciones y defectos son normales, pero a su debido tiempo deben haberse superado. 

Disfemia/Tartamudez: La disfemia o más conocido como tartamudez supone un trastorno en el ritmo del habla. Provoca que el niño repita monosílabas o palabras además de interrumpir la fluidez del habla con constantes bloqueos. Si los niños no logran superar estos problemas, finalmente pueden convertirse en una disfemia que persista hasta la madurez. El menor que padece la tartamudez sufre una gran angustia cuando se comunica verbalmente y puede afectarle a otros niveles.

Disglosia: La disglosia es un trastorno del habla que tiene una causa anatómica permanente del habla. Los problemas de pronunciación son muy complejos porque, entre otras cosas, dependen del tipo de disfunción orgánica. Tratamiento psicológico en diferentes áreas muy recomendado. 

La detección temprana en muchos casos resuelve el problema y asegura desarrollo normal y satisfactorio del menor. En otros casos el trastorno estará presente el resto de su vida lo que no significa que no puede llevar acabo una vida.  Especialmente con los menores ante cualquier duda lo mejor es consultar con un red de profesionales. Pediatras y psiquiatra para un buen diagnóstico y posteriormente con un psicólogo que ayude al menor a desarrollarse de manera normal.

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